“Bien” contesto “Estoy bien”. Me es tan difícil formular
respuestas a preguntas que me hacen sobre mi vida en China.
Hablando con extranjeros que viven en China y leyendo sus
blogs me relajo al ver que es algo que nos pasa a (casi) todos. La respuesta a
“¿Cómo estás en China?” Generalmente es “bien”. En particular, a mí lo primero que se me viene a la mente
decir es “me siento más incómoda que durmiendo con cuatro personas en una carpa
para dos”.
Creo que INCOMODIDAD es el sentimiento que se nos instala a
los laowai ni bien pisamos China. Debe ser alguna cuestión química en el aire
que nos provoca eso. Por supuesto que trato de no mencionarlo, y menos cuando
alguien que llegó la semana anterior para enseñar inglés en una escuela igual
que yo y probablemente en las mismas condiciones me pregunta “¿Qué pensás de
China?”. Sin embargo siempre digo “dale tiempo, dejá que te conquiste”. Después
dejo pasar unos segundos y los miro a los ojos y les digo “confiá en mí, dale
tiempo”.
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Lo bueno y lo malo de vivir en China |
Vivir en China es difícil. Y esto tiene una sola y MUY simple
razón: somos demasiado distintos. Recuerdo que me pregunté ese domingo después
de mi primera semana dando clases “¿Vas a aguantar viviendo un año acá?”.
Quédense tranquilos que la respuesta es sí, pero porque
aprendí una regla fundamental: observar sin hablar por unos momentos (hablar se
puede traducir a pensar/hacer, pero es como chino básico, los mismos caracteres
o ideas significan muchas cosas distintas).
Cuando decidí mudarme a China no hablaba chino, no sabía
nada de su sistema filosófico, ni de sus hábitos, sus tradiciones… y era
consciente de que eso era un error simplemente porque cuando uno no sabe juzga
en demasía. Es como el miope que sale a la calle sin anteojos. Créanme que hay
muchas situaciones que uno no entiende.
Si uno juzga lo que ve instintivamente les puedo asegurar
que la lista de lo negativo se vuelve interminable. Es por eso que es vital
tomar nota mental, compartirlo, intentar entender. Por supuesto que no hablo de
aceptar lo que no se puede aceptar. De hecho hay muchas cosas que veo que no
avalo de ninguna manera. Pero entender aliviana la carga del día a día, y
muchas cosas se vuelven hasta divertidas.
La moneda tiene dos caras, detestamos lo que vemos y a la
vez amamos lo que vemos todos los días.
Se me ocurrió entonces salir con mi libreta y preguntarle a
los extranjeros qué colocarían de cada lado de la moneda, lo bueno y lo malo
que podemos ver en nuestra vida diaria en China.
Dividido en 6 categorías, las primeras tres entran en este post, para las otras tres hay que esperar:
- La calle
- La gente
- Los animales
- La escuela
- La comida
- El paisaje
1. La calle
Lo malo: el tráfico. Dar un paseo en bicicleta en China
puede ser muchas cosas menos una actividad relajante. Cuando llegué a China dos
de mis colegas habían tenido accidentes en moto esa misma semana. Los dos se
veían igual, moretones por doquier y vendas amarillentas rodeándoles las
extremidades. Habían sido dos accidentes distintos. Un par de días después me
enteré que todos los que tenían motocicleta habían tenido al menos un accidente
en el último año, y que el trofeo por más accidentes lo tenía la asistente de
dirección habiendo sido protagonista de quince.
En China las calles y avenidas aparentan ser organizadas.
Inclusive uno puede encontrar un gran sistema de semáforos en todas las calles.
Eso no implica que la ciudadanía respete reglas de tránsito que quizás no sepa
que existen, que maneje en la senda correcta y a una velocidad prudente, que
gire mirando quién viene atrás, use las luces de noche, aminore la velocidad al
llegar a las esquinas, respete el letrero que dice “no girar en U”, frene despacio
en una calle transitada… etc. Para que lo observen con sus propios ojos he aquí un video del tráfico de Taizhou, muy cerca de Yangzhou.
La única vez que viajé en bicicleta hasta un café juro que
estuve a punto de morir dos veces. Cuando llegué al café, mi amigo, que hace
mucho más tiempo que yo vive acá, me explicó que los permisos de conducir se
consiguen fácilmente, nadie les enseña reglas de tránsito para obtenerlos, se
puede conducir sin manejar (no pregunten por qué intentan conseguir el permiso)
y lo más importante, el auto como medio de transporte se introdujo masivamente
hace muy poco tiempo. Eso quiere decir que aunque todos sepamos que nunca van a
lograr un tránsito organizado, en el futuro se cree que se va a poder transitar
por las calles sin temor a ser comida para los peces.
Lo bueno: la seguridad. A comparación de lo que se puede
vivir en otros lados, garantizo que China es el lugar más seguro en el que he
vivido. Uno puede caminar por las calles de Yangzhou a las 4 0 5 am sin buscar
instintivamente posibles ladrones en la oscuridad, se puede dejar la puerta
abierta cuando uno sale de sus casa y se puede utilizar el celular en el
colectivo sin temor a que te lo saquen antes de haber enviado ese mensaje
importante que estabas escribiendo en ese preciso momento. Eso es algo que no
extraño de Buenos Aires.
2. La gente
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Las bicis se pueden dejar sin candado en la calla y no hay temor de robo. |
Lo malo: la falta de gentileza. Una de las cosas que le
exigí a mi profesora de chino a que me enseñara decir es “Ud. es muy
maleducado”. Hacer fila en un banco, supermercado o negocio implica cuidar en
todo momento que alguien que recién llega no se adelanteal lugar pase primero.
En mi país se dice “colarse” y se paga con represalias y muy mal karma.
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El día a día en cualquier negocio... haciendo cola =D |
La caballerosidad acá no existe de la misma manera en que la
conocemos. O no existe, punto. Los hombres son los primeros en subir a los
colectivos, ascensores y edificios (si es necesario empujando para lograrlo). Y
creo que nunca vi a un hombre cederle su asiento a una mujer embarazada o a un
anciano. El hombre es el poder personificado y es por eso que si es su voluntad
pueden hacer lo que quieran, incluso imponer reglas absurdas como “las mujeres
no pueden hablar antes que el hombre lo haga en una reunión de trabajo”. Hay
excepciones, muchas, pero no las hay en demasía.
Y por último la falta del servicio al consumidor. Las dos
reglas de Walmart son 1: “El cliente siempre tiene la razón” y 2: “Si el
cliente no tiene la razón, volver a la regla Nro. 1”. En China esto es al
revés. El cliente nunca tiene la razón y si la tiene no se lo digas. No es poco
frecuente escuchar “mei you” (no tenemos). Uno sabe que sí lo tienen, pero eso
te dicen y no lo buscan. Quizás tengan miedo de no encontrarlo y decirte que
efectivamente no lo tienen, o quizás saben que vendrá seguro alguien más a
comprar algo que sepan dónde está. Hay 40 billones de habitantes, no se van a quedar
sin clientes.
Lo bueno: su gentileza y su curiosidad por el extranjero. Me
han explicado que el chino es muy individualista, que siempre va a cuidar lo
propio y defenderse de lo ajeno. En una sociedad donde hasta hace unos pocos
días solo se podía tener un niño puedo creerlo, pero así y todo sé que no es
enteramente verdad.
Me sigue sorprendiendo su predisposición aún en ocasiones en
las que uno sabe que están en apuros. Es extremadamente extraño que la gente no
se pare a ayudarte cuando les pedís ayuda. Pueden estar corriendo que aún así
se detienen para ver qué necesitas. Siempre intentan leer el mapa y si no lo
entienden llaman a alguien en su familia que quizás sí sepa. Y créanme que no
lo podía creer cuando me confundí de rumbo la semana pasada y los pasajeros del
colectivo, entendiendo mi pobre chino, hicieron que el colectivero volviera
para que me bajara en la parada de colectivo correspondiente. Habían cumplido
su tarea, lo pude ver en los rostros de los campesinos que sonreían mientras me
saludaban.
Los animales en China
Lo malo: el maltrato. En mi primera semana aquí fui al
supermercado y me encontré con lo que ven todos cuando llegan al sector de la
comida fresca: una gran isla de “peces” y mariscos. Son de lo más fresco que se
puede encontrar, hasta quizás lo puedas filetear vos mismo mientras está vivo.
Sí, se los puede sacar del estanque diminuto donde los tienen y los preparan
mientras todavía se mueven y de la forma más lenta posible. Se cree que así el
animal eliminará las toxinas que vuelven a la carne poco tolerable.
Si bien no es algo que uno quiere ver todos los días, ya
había visto algo así en otros países. Lo que me hizo salir del supermercado
pálida y triste fue ver la sección de los cangrejos. No voy a mentir, cuando
veo mariscos y pescados dejo de ser vegetariana, pero cuando vi esto decidí no
volver a comer carne: los cangrejos empaquetados para que la gente se los lleve
comenzaron a mover sus patas por debajo de las pequeñas sogas que los mantenían
prisioneros.
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Sip, vivos, así como los ven. |
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Estas son tortugas que se venden en el supermercado, están vivas en una bolsa de fruta. |
Lo bueno: el rescate. No hay día que no me llegue noticia de
organizaciones que rescatan animales en paupérrimas condiciones. El rescate de
osos es un caso singular.
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No recomiendo ver videos de estas cosas. |
Qué cosas se ven donde vivís vos?