martes, 29 de octubre de 2013

PLAN B: Changzhou (lo que salió bien a pesar del pronóstico)

Soy una adicta a viajar, una de esas personas que cuando se decide a hacer un viaje come, bebe, respira y transpira viaje. Viajar se ha vuelto tan importante en mi vida como hacer yoga, comer sano y correr una vez por semana.Me siento parte de algo más grande, las piezas caen en su lugar, aprendo de los otros, me maravillo ante las diferencias, formo parte de ese lugar…y me conozco un poco más.

Por eso cuando no lo hago con frecuencia empiezo a tener síntomas de abstinencia. Me vuelvo irritable, un poco hermitaña y empiezo a planificar viajes locos y virtualmente imposible de hacer por varias razones.
La falta de viajes en el horizonte se empezó a sentir a mediados de septiembre,  pero ya no faltaba mucho para el glorioso feriado de siete días por el día nacional de China a principios de octubre. Mi primer gran viaje. Se respiraba perfección en el aire. Hasta que pasó lo que le pasa a cualquier turista que no está preparado para viajar en China.

El plan era perfecto: con Joanne y Shane (mis vecinas) nos íbamos a ir a la provincia de Shandong. El itinerario ofrecía: visita a la occidental Qindao, a la compañía de cerveza que lleva su nombre, caminatas por la playa, visita a una montaña sagrada, degustación de comidas autóctonas de reputación y una lección gratuita sobre confucianismo en la ciudad natal de Confucio.

Pero nos dimos cuenta la noche que nos sentamos a hacer las reservas que China realmente tiene una población de 40 billones de habitantes y a todos se les ocurre tomarse vacaciones al mismo tiempo. Es indescriptible la sensación de impotencia que me acongojó cada vez que aparecía un “Sorry, no flights accord with your search criteria” en elong.com, o cuando aparecía un "Sorry, No available rooms found. Please try different hotel" en la página de Hostelworld. Nunca en mi vida me había pasado de no encontrar lugar para quedarme en ningún lugar.

Estación de Gaoting en vacaciones... típico (foto de Dave Lambert)


Pasamos al plan B, que era ir a cualquier lado con tal de no quedarme en casa. Tecleé Nanjing, nada… Beijing, nada… Wuzhi, nada. Eran las doce de la noche y todo indicaba que no iba a poder viajar. China 1, Sofía 0.

¿Cómo decirle a mi viajera interna que se iba a tener que conformar con levantarse tarde, leer, pintarse las uñas, mirar películas y quizás andar en bicicleta (no que eso última fuera a pasar)?

Al día siguiente se podía escuchar como arrastraba los pies por los pasillos del colegio. Me senté a desayunar mi típica tostada con miel y le conté a Dave lo que me había pasado los más humorísticamente posible. Rió con ganas y me dijo que lo mejor hubiera sido empezar a prepararlo con un par de meses de anticipación. Muchas gracias por decírmelo con tiempo.

He aquí que si hay algo que adoro de Dave es que siempre va a tener algún chiste o comentario un poco hiriente, pero nunca va a dejar de ayudarte. Profesor de 8vo año y residente en Yangzhou hace cuatro años, ha viajado a tantos lugares como le fue posible. Experto en viajar al mejor estilo chino (en tren y comprano comida en la calle usando su sofisticado mandarín)  y excelente fotógrafo, me extendió la mano unos cinco minutos después.

Dave se iba a ir a Changzhou a sacar fotos de un pagoda de madera de más de doce pisos. Los pagodas son edificios muy conocidos en Asia. Si no alojan templos budistas están cerca de ellos y adoptan distintas formas de acuerdo al país donde se los encuentre. Muchos en China son de madera, resistentes al paso del tiempo y en caso de terremoto.

Lamentablemente que el pagoda del templo de Tianning fuera el más alto del mundo no me impresionaba, y menos estando en una ciudad que no tenía reputación turística. Pero era una alternativa a quedarme en casa así que le dije a Dave que me unía a su viaje.

Para mi gusto cambié de parecer ni bien pisé Changzhou. Ese breve viaje de dos días cambió mis vacaciones.

La vista!!!

Numero 1: ir a contramano ES BUENO

Las atracciones y las ciudades chinas pueden compararse con tranquilidad a los dulces que uno deja a merced de la naturaleza, asediadas por múltiples insectos que no encuentran lugar para moverse. No es que quiera comparar a la gente con los insectos, pero las imágenes hablan por sí solas.
Gran muralla durante el feriado largo de octubre

Típico: estación de tren durante el feriado de octubre... como en Mar del Plata!?
Visitar la silenciosa y poco atractiva Changzhou fue un respiro. Ver poca gente transitando las calles de una ciudad es muy difícil de encontrar y es placentero.

Número 2: Caligrafía sobre el firmamento. IMPAGABLE

E indescriptible a la vez. Esto es poesía pura. Ojalá pudiera saber qué escriben, capaz ni tiene significado. Pero este hombre escribe en el suelo con la gracia de una bailarina. Los caracteres desaparecen unos minutos después. Qué más le podía pedir a esa mañana.

Honestamente puedo decir mucho, pero las fotos lo dicen todo.



Número 3: El pagoda de Tianning es un edificio INCREÍBLE

Según Dave lo más significativo del pagoda no es el edificio en sí sino las esculturas de madera que se encuentran dentro, la sala del buda y la campana que se encuentra en el piso trece. El edificio entero aloja miles de estatuas budistas, budas y estructuras hermosísimas. Fue mi primera visita a un pagoda, va a ser difícil superar la experiencia.
Y que sea el pagoda más alto del mundo significa mucho más aquí en China de lo que puede significar en otros lados. Especialmente durante la Revolución Cultural se prohibió practicar cualquier religión en China, inclusive el budismo. Se derribaron centenares de templos y se destruyeron millones de sitios religiosos que hoy se considerarían patrimonio de la humanidad. Las prácticas han sobrevivido a la prohibición y es ahora, años después, que China vuelve a abrirse a la idea de practicar budismo. El pagoda de Changzhou es quizás uno de los símbolos más grandes de lo fuerte que es el Buda en China a pesar de lo arduo que se ha intentado frenar su práctica.

Numero 4: El templo de Tianning se volvió mi templo favorito

Como ya me estuvo pasando, entrar a un templo en China me deja con sentimientos encontrados. Por un lado sigo sin entender la opulencia de los templos o que se cobren literalmente millones de yuanes por una estructura de piedra que bendijeron los monjes y se pidan colaboraciones en urnas con budas, cuando teóricamente el budismo se basa en que no existe un dios creador. Y creo que el hecho de que los monjes anden de acá para allá con teléfonos móviles le quita mística al lugar.

Pero por otro lado no puedo negar que los templos budistas se han vuelto mis edificios favoritos. El solo hecho de entrar en alguno me deja con una sensación reconfortante. Esa sensación me ha hecho querer aprender sobre el budismo, “religión” que encuentro fascinante. No puedo esperar para llegar al Tíbet.

Que el video hable por mí! (Las fotos son de David Lambert)

video

lunes, 21 de octubre de 2013

Te juego una carrera, Machismo!

Cuando me mudé a China tenía la ilusión de que acá las mujeres tenían el título de “jefa”. Basta con ir al barrio chino para ver cómo son las mujeres las que llevan los negocios. También se puede ir a Min Min, el restaurant de Las Cañitas, para ver cómo Ling dirige el lugar con inmaculada eficiencia, dando direcciones en chino y su elemental español y muchas veces hasta regañando a su esposo. Me parecía casi imposible aceptar que la sociedad china fuera machista como todo el mundo me decía.

La dinámica hombre-mujer en China a los ojos de una mujer occidental
Cambié de opinión el primer día que pisé este país y se me ocurrió preguntarle a un hombre cómo llegar a los jardines de Yuyuan en Shanghai. De unos treinta años y algo más bajo que yo, el hombre aprovechó el paseo desde la plaza del pueblo hasta el lugar para mostrarme fotos de su esposa y y darme una lección de vida. Yo ya había estudiado en la universidad, ya había viajado y trabajado algunos años, ¿Qué esperaba para casarme bien, dejar de trabajar y ayudar a mi esposo? No hace falta mencionar la lista de argumentos en contra que se me habían enredado en la lengua ni lo rojo furia que irradiaba mi rostro ¿Cómo se atrevía a decirme semejante estupidez? ¿Por qué nadie lo había intentado frenar antes en una situación similar?

Fue entonces que tuve que aceptar que estaba equivocada: la sociedad china es machista. Ayer mismo leí un artículo en el que una famosa artista china, Zhang Yue, explica que según la cultura tradicional china y su fundamentación en el confucianismo, la mujer es una propiedad más del hombre, como un adorno o una silla; no tiene sus propias opiniones y debe decir lo que los demás les digan.

Por supuesto no siempre es verdad, las desigualdades entre hombres y mujeres se ven cada vez menos. Pero basta con ir a un restaurant chino para observar la dinámica hombre-mujer: en una de las tantas habitaciones privada los hombres beben hasta el fondo, ríen probablemente un poco borrachos y hablan de negocios, de política y de trabajo  mientras sus esposas permanecen calladas a su costado probando pequeños bocados y apenas llevándose el vaso a los labios si es que están bebiendo algo. Es un poco difícil entender que las mujeres muchas veces aceptan esta pasividad sin titubear.

En lo que a mí me concierne, soy demasiado independiente y muy mujer como para aceptar estas reglas que no están escritas, así que hoy les voy a hablar de cómo es que no respeto en lo más mínimo el principio fundamental y natural de los hombres casi todas las mañanas.

En las pistas

En china la figura de poder siempre es el hombre. El hombre es fuerte, valiente, habilidoso y virtuoso, mientras que la mujer no es así naturalmente.

Los deportes no son la excepción.

Si bien en el colegio tanto hombres como mujeres tienen que hacer ejercicio (si tienen como en “deben”), se espera que el hombre sea más que la mujer en todo lo que practica. Incluso correr largas distancias.


Disculpen, tengo que pasar.
He aquí que la que les escribe ama correr y se levanta todas las mañanas a entrenar para alguna importante carrera. Hasta ese día lo había hecho fuera del colegio y hasta dando vueltas manzana porque me daba vergüenza correr en la pista. No hay mujeres tan temprano a la mañana en la pista y, vistiendo una calza, correr con todos hombres me daba un poco de pudor. Dejó de darme vergüenza el día que probé lo agradable que era correr sobre esa superficie colorada.

Desde que había llegado no había encontrado condiciones tan adecuadas:  una superficie perfecta para correr, el clima indicado, un bajo nivel de contaminación por ser tan temprano… solo había un problema. Mis compañeros de pista eran muy lentos al correr. Si hubiera podido correr en cualquier lado no hubiera pasado nada, pero solo se pueden usar ciertos andariveles.

Como algunos saben, me pongo muy ansiosa cuando alguien corre frente a mí y me impone una velocidad inferior a la que yo corro. Me irrito, me aburro, me canso y muchas veces abandono… salvo que los pase y siga a mi ritmo normal

Así es que respeté el orden un par de minutos y cuando no aguanté más me adelanté y pasé a los tres hombres que estaban conmigo ese día. Noté que los tres me siguieron con la mirada y creo que un tercero sacó el brazo, como si quisiera intentar frenarme.

Juro que no fui consiente de la vergüenza que les había provocado (acá, perder la integridad o sentir vergüenza es algo muy serio hasta en este tipo de situaciones). Seguí corriendo, ahora libre y sin restricciones. Hasta que volví a tenerlos en frente. Para ese entonces, los tres miraban para atrás a ver dónde estaba yo, y aceleraban de a poco.

Riendo por lo bajo y animada por lo que estaba sucediendo, también aceleré y les sonreí, sí, un poco desafiante. Lamento no haber tenido una cámara para sacarles una foto. Un popurrí de expresiones faciales. De repente uno gritó algo a los otros dos y juntos abandonaron la pista antes de que los pasara otra vez.

Para mi sorpresa ninguna de mis compañeras en la oficina rió al escuchar la anécdota, pero sí me hicieron saber que había sido mucho para ellos ser “vencidos” en esa vuelta. El aura de autoconfianza se había esfumado.

Juro que todos los días voy correr a la misma hora que ellos y los tres hombres (e inclusive otros) abandonan la pista apenas la piso.

¿Coincidencia? No lo creo.Tengo que admitir que mientras escribo esto me siento un poco victoriosa.

Prometo escribir más sobre los hombres y las mujeres. Les dejo enlaces muy interesante sobre el tema que me ayudan a entender lo que veo todos los días:


¿Qué opinan?

lunes, 14 de octubre de 2013

Domingo de dumplings y cartas chinas

No hay nada mejor para un domingo de flojera que dejar de ser domingo de flojera. Mi perfecto de caminar en pijama todo el día leyendo, escribiendo y eventualmente alimentándome cambió cuando yendo a buscar mi segundo muffin de la mañana me crucé con mi nuevaa amiga Shane, quien me invitó a cocinar comida china con su amiga Rebecca de Mongolia.

Parte de mi protestó y hasta resopló, pero cómo decirle que no a una mañana aprendiendo a hacer dumplings.

Siempre digo  que China es demasiado distinta a mí. Ese día me di cuenta que un domingo en China es muy parecido a mis domingos en Argentina, sólo que todavía no lo sabía.

Dumplings

Qué mejor para celebrar un domingo que hacer unas pastas. Iguales que los sorrentinos pero con rellenos poco convencionales, los dumplings tienen la fama de reunir a la gente. Familia y amigos se reúnen para armarlos con disciplina bien temprano, y almorzar quizás demasiado temprano (para alguien que había desayunado a las 9 am, 11.22 am era demasiado temprano).

Ingredientes: cerdo o pollo con cilantro y apio. El pollo y la carne de vaca no se utilizan como relleno en china.
El proceso de preparado es una ceremonia, y el que hace buenos dumplings sabe dónde comprar la mejor masa y las verduras a punto. La pasta es idéntica a la de los ravioles, pero circular como las tapas de empanada. Se compra en el mercado de frutas y verduras y hay que ir muy temprano para encontrarlos en cantidades. Ellos habían ido a tres mercados distintos hasta dar con la cantidad que necesitaban. Como dije antes, los domingos se come pasta!

Siendo regañada por cerrar mal los dumplings.
Yo me senté a la mesa un tanto arrogante, porque sabía que la tarea era sencilla: colocar el relleno con los palitos chinos, cerrar cual empanada y preparar el repulgue. Y cuando estaba cerrando lo que pensé era mi primer dumpling Rebecca me reprimió severamente. El repulgue era una desgracia (los chinos son perfeccionistas a su manera). Después de unos diez dumplings creo que dejó de regañarme y el relleno de cerdo y apio no se salió por los bordes como habían predicho.
En plena preparación

Hervir por 5 minutitos
Item a agregar al CV: armado de dumplings.

Voilá! Bon appetit!

El almuerzo

El almuerzo: higado encebollado, tofy con verduras, ajíes con pollo y habas, pescado especiado y dumplings con vinagre y ajo.

Siempre me pregunté cómo es que comiendo tanto y tan rico en calorías las chicas chinas son flaquitas como escarbadientes (hay excepciones a la regla, pero no muchas) ¿Ejercicio? ¿Caminata rápida? ¿No cenan? La respuesta la tuve ese mediodía cuando todas nos sentamos a almorzar. Habían unos 6 platos en la mesa de los cuales todos nos servimos un poco. Frituras, pasta, aceite, carne… y todo había desaparecido después de unos dos minutos. Es eso, comen rápido. Creo. O quizás no. Honestamente no sé cuál es su secreto.

A la hora de comer todos tenemos nuestro “plato” y cada uno se sirve lo que desea comer de los platos que están en la mesa. Es de buena constumbre probar todos los platos, especialmente si algún invitado también cocino. Así que si algún invitado hizo sopa de pollo y te pone en tu plato un poco de sopa y un trozo de pollo arriba del pescado que estabas comiendo hacía dos segundos es totalmente normal. Si no te gusta la sopa de pollo lo indicado sería probar aunque sea unas gotitas y comer un pedacito. Ellos se sentirán honrados y uno habrá cumplido con su parte. Ah, y me olvidaba, nunca hay que terminar de comer todo lo que hay en el plato. El dueño de casa se sentirá en la obligación de servirte más o sentirá que el almuerzo ha fracasado porque no hay suficiente comida en la mesa ¿Complicado, no? Pero tan rico.

Cartas

Tengo dos teorías a comprobar acerca del país que me está dando un hogar en este momento. Una es que China es una contradicción con patas (en todos lados la gente tiene el deber de ahorrar en electricidad y agua pero después se construyen edificios públicos adornados en su totalidad con luces fluorescentes y fuentes de agua danzante, por ejemplo) y la segunda es que China es el caos organizado. Aunque siempre va a haber discusión sobre el tema, un juego de cartas chino es prueba de ello.
Necesité ayuda para poder ver todas las cartas a la vez
Luego de una breve explicación de las múltiples reglas del juego, comenzamos a jugar con dos mazos de cartas de las cuales se repartían todas las cartas y se jugaba con todas al mismo tiempo. La idea era formar escaleras de todo tipo, pares, un estilo de full house, piernas… era una mezcla de poker, chinchón y la solterona. Y cuando pensé que había entendido al menos un poco empecé a jugar.

Yo creo que no bajaría las cartas así....
Si pensé que había entendido, hice mal. Jugué unas siete manos en las que mi asistente me tenía la mitad de las cartas porque yo no las podía tener y nunca llegué a entender cómo es que tres cartas iguales le ganaban al poker y una escalera era una bomba letal y yo la había jugado mal. A la octava mano, mi asistente se cansó de verme perder y poco a poco fue reemplazándome haciendo ganar al equipo. Todos tiraban las cartas en la mesa, reían y se llamaban ganadores y perdedores. Las escaleras se bajaban en desorden y nadie llevaba la cuenta de puntos pasados. Pero al final del juego, todos sabían quién había ganado y quién perdido.

El equipo perdedor aparentemente pagaba la sesión de KTV (Karaoke) esa noche. Suerte que estaba en el equipo ganador.


Al final de la tarde, entre uvas, trozos de pomelo dulce, cartas, risas y planes nocturnos, entendí que tanto para ellos como para mí el domingo es un día sumamente especial.

lunes, 7 de octubre de 2013

Mi nombre, mi identidad


“Ese no es mi nombre” La voz de Halim Guanawan y no Guanowa hizo eco en la sala de conferencias en la que todos estábamos teniendo una reunión. Habían escrito mal su nombre en la oficina donde él iba a estar el resto del año. “El nombre es lo más básico que alguien puede tener. Si no puedo tener eso, ¿Qué me queda?”

Si bien creo que todos coincidimos en que había sido un poco exagerada su reacción, yo pude entender al pobre hombre. Mi apellido es muy largo y muchas veces lo escriben mal o me llaman por un solo nombre. Siempre es Martínez, o Reumann, o Reuma, o Reuman o Reuteman y a veces Neuman. Me suelen preguntar “¿Cuál de los dos apellidos pongo?”, y si bien les contesto que prefiero que me llamen por mi nombre completo casi nunca lo hacen. Creo que hablo por muchos cuando digo que cada vez que alguien se toma la libertad de manipular tu nombre uno siente que algo de la identidad se pierde.

El nombre que tenemos lleva mucho más significado de lo que pensamos. Cada parte lleva algo de padres, escribe sobre nuestros ancestros y su pasado, guarda algo de distintos lugares, corrige idiomas y elige el género. Hay muchos que se cambian el nombre para dejar atrás su pasado e incluso un sexo al que no sentían pertenecer, y hay muchos que abrazan su nombre como insignia de lo mucho que el otro no va a invadir aquello que lo representa.



Este pequeño incidente hubiera pasado al olvido si no hubiera sido porque me enteré en esa misma reunión que algunos días después me iba a ver a mi misma invadiendo la identidad de mis alumnos. Yo tenía que ponerles nombres en inglés.

Sí, verán, acá en China todos o casi todos tienen dos nombres, uno es el suyo, el que le pusieron sus padres, el otro es uno que le puso su maestro de inglés en la primaria, y ese es en inglés.

Al repasar las listas de mis alumnos que la asistente me había dado al principio de la reunión encontré nombres como Homer, Moe y Barney, Waldo, Superman, Catniss Everdeen, Frodo, Saruman, Cartman, Kyle y Stan, y sí Tyrion Lannister. Olvidé mencionar a The Sun Night (por The Dark Night), Hello Kitty y como no a Ice Cream. Sí, se llama Helado el pequeño.

Algunos eligen su nombre, muchos no.

Me sentía como aquel día en que le puse nombre a mi perro (mi cocker spaniel se llama Newton y siempre digo que es muy inteligente), solo que esta vez no quería hacerlo. Tanto es que no quería hacerlo que pedí no hacerlo.

Al verme tan terca, Erin, la asistente del director, me dijo algo que es muy cierto. Yo tengo más de doscientos alumnos de los cuales no puedo pronunciar correctamente el nombre de ninguno. Y por más que lo intentara, no tenía registro en mi memoria de ninguno de sus nombres. Zhang, Li Guo y Pao no son nombres tan recordables para mí. Erin me explicó que dar un nombre nuevo es siempre mucho más amigable que dar un número (me enteré poco después que sus profesores muchas veces los llaman por su número). Ok, lo había comprendido.

Es el día de hoy que todavía me cuesta pensar que Emma, Ned y Arya son nombres que puse yo. Me cuesta más pensar que son nombres que tienen mucho significado para mí, pero que para ellos probablemente no, aunque empiecen con la primera letra de su nombre chino. Y temo casi todos los días que alguno de mis alumnos o colegas me pregunten:


¿Por qué yo tengo un nombre en inglés y vos no tenés uno en chino?

  • My Name, My Identity es un poema del poeta nigeriano Femi Amogunla. Si tienen tiempo de leerlo o mirar el video (porque es un poeta oral) se los recomiendo. Nos deja pensando en qué significa tener un nombre.

martes, 1 de octubre de 2013

42 grandes razones para seguir caminando por Yangzhou

Momentos como este en el que miro la pared de mi casa desde la computadora y sonrío agradezco el ser extremadamente terca.

En China todavía no encontré grises, siempre es blanco o negro. O amás todo lo que te rodea o lo odiás. Esta era una de aquellas mañanas en las que hubiera hecho dos cosas: hubiera armado mi pequeña valija otra vez y me hubiera vuelto a casa, o hubiera esperado a llegar a casa y tomarme un fernet con coca. La primera era inconcebible, la segunda era imposible. El fernet se había quedado en casa.

Después de mucho tiempo buscando una botella de fernet en China por todos los medios conocidos por el hombre o implorando que me enviaran una por correo entendí que no era solo el hecho de tomar un brebaje sanador lo que yo extrañaba, sino a la gente con la que lo compartía.

A la mañana siguiente me desperté sabiendo qué era lo que yo realmente quería: tener a mi gente conmigo. Así que si no iba a tenerlos conmigo por mucho tiempo, al menos quería tener una imagen de ellos en mi hogar.

Tengo la fortuna de estar rodeada de seres maravillosos que me ayudan en todo cuando escuchan que tengo un pequeñísimo problema o un cometido. Cuando les conté a mis colegas durante el desayuno que quería imprimir fotos de mi familia y amigos para pegarlas en la pared, Dave, el fotógrafo, me contó que había un negocio de Kodak en el Da Ren Fa (supermercado chino en el que uno se puede pasar horas intentando interpretar qué dicen las etiquetas de las botellas de shampoo y sin mucho éxito). No podía creer lo ansiosa que estaba por encontrar el lugar.
Estas están frente a mi cama. Me levanto a la mañana sabiendo a dónde voy a ir.


Cuando se hicieron las 11.30 am en punto me aventuré al centro con Joanne, quien sabe mucho más chino que yo. Ella fue la que tristemente me comunicó que eran bastante costosas. No tenía ese dinero en el momento, así que decidí cambiar los dólares que me habían quedado. Esas fotos tenían que imprimirse.
En el banco de China me encontré con Sunny, un gerente chino que sabe hablar inglés y siempre me ayuda con los trámites. Después de que me dijera que no podía ayudarme porque yo no tenía mi pasaporte recurrí a mis encantos femeninos que NUNCA fallan. Utilizó su poder y finalmente conseguí los billetes. Aún así sabía que no podía pagar las fotos, que tenía que encontrar otro lugar.Joanne, que ya me había acompañado un par de horas, había decidido abandonarme.

Después de pedirme mi número de teléfono Sunny me dijo dónde podía imprimir mejores fotos y más económicas en otro lugar y me dio indicaciones de cómo llegar. El problema fue que el mencionar “norte” y “sur” en vez de “a la izquierda” o “a la derecha” la mayoría del tiempo me desconcierta, simplemente porque la calle nunca sigue derecho sino que te lleva en zigzag hasta la calle principal. Así que caminé vergonzosamente en círculos por un rato sin dar con el objetivo y entré a un kiosko a comprar agua. Aprovechando que las mujeres se habían interesado mucho en mí les pregunté con la ayuda del Google Translate por un “lugar imprimir fotos Yangzhou”. Como todos acá en esta ciudad, las dos mujeres se dispusieron a ayudarme en su muy tradicional chino citadino. Me podrían haber dicho “me gusta el moño rojo que te pusiste hoy” que era lo mismo, pero su mano indicaba que tenía que volver, girar en algún momento y seguir. Sus instrucciones me llevaron de nuevo al supermercado.

Resoplé. Estaba en el punto de partida. Mi objetivo estaba muy lejos de ser cumplido. Era el momento perfecto para volverme increíblemente “perseverante”: yo iba a imprimir esas fotos costara lo que costara.
Entré en un almacén extraño donde vendían Baijiu (aguardiente) y el señor mayor que estaba allí me explicó en su también perfecto putonhua cómo llegar a la casa de fotografías que él conocía. Esperé paciente sin entender una palabra, pero hipnotizada por ese único diente que se movía en el aire mientras el hombre hablaba, y después de un tiempo saqué una libretita donde muy prolijamente me dibujó un mapa que tampoco sabía leer.

Caminé en dirección al centro y le pregunté a todo el que parecía suficientemente amigable como para ayudarme a leer el mapa. Y es así que llegué a la casa de fotos que había cerrado hacía una media hora. Me quedé observando la vitrina llena de vestidos de novia que las chicas alquilan para sacarse fotos sin necesidad de invertir un centavo en un vestido que van a usar solo una vez.

Tuve que admitir que estaba un poco cansada después de haber editado las fotos, llegar al supermercado, decidir no imprimirlas ahí, ir al banco y cambiar dinero para imprimir las fotos en otro lugar, ir a otro lugar que nunca encontré, volver al supermercado, pedir direcciones y llegar a una casa de fotografía que estaba cerrada. Sin saber qué hacer seguí la inercia de mis pies que habían estado caminando por horas y me senté en el cordón de la vereda un poco más adelante.

La calle, que a esa hora está  llena de scooters que zumban de un lado al otro y familias que salen a hacer las compras del día, se sentía vacía. La gente pasaba y me miraba como siempre, señalando con el dedo y diciendo “laowai” o “waiguo”. Era el centro de atención de aquellos que compartían ese momento conmigo, y al mismo tiempo me sentía totalmente sola.

Y en ese preciso momento en el que estaba a punto de abandonar la búsqueda, me di vuelta para presenciar una discusión entre un hombre y su esposa. Ella instistió con su argumento y al parecer hizo lo que toda mujer china debería hacer, pretender que no escuchan a sus esposos. Eso los vuelve locos, ya voy a volver sobre el tema. La escena no solo fue lo único que me hizo sonreír en ese momento. Esposo y esposa estaban dentro de un centro de copiados poco convencional.

Luego de regatear con Li, el dueño del lugar, por unos quince minutos pude lograr que me cobraran cada foto unos 2 yuanes. Me senté y esperé con ansias esas fotos unos 45 minutos, mientras hablaba con Zhang, la esposa de Li, lo poco que sabía preguntar.

Estás están en la pared del living. Yo y mi gente. 
Volví a casa siete horas después de haber salido. Recorrí calles que no conocía, me perdí, pedí direcciones, me hicieron un mapa, hablé en mi chino ultra precario, me perfeccioné en regateo y finamente hice lo que me había propuesto, imprimí esas 42 fotos que hoy están en mi pared.


Sé que no están acá conmigo, pero hoy los tengo un poco más cerca, en el living de mi casa.