martes, 29 de octubre de 2013

PLAN B: Changzhou (lo que salió bien a pesar del pronóstico)

Soy una adicta a viajar, una de esas personas que cuando se decide a hacer un viaje come, bebe, respira y transpira viaje. Viajar se ha vuelto tan importante en mi vida como hacer yoga, comer sano y correr una vez por semana.Me siento parte de algo más grande, las piezas caen en su lugar, aprendo de los otros, me maravillo ante las diferencias, formo parte de ese lugar…y me conozco un poco más.

Por eso cuando no lo hago con frecuencia empiezo a tener síntomas de abstinencia. Me vuelvo irritable, un poco hermitaña y empiezo a planificar viajes locos y virtualmente imposible de hacer por varias razones.
La falta de viajes en el horizonte se empezó a sentir a mediados de septiembre,  pero ya no faltaba mucho para el glorioso feriado de siete días por el día nacional de China a principios de octubre. Mi primer gran viaje. Se respiraba perfección en el aire. Hasta que pasó lo que le pasa a cualquier turista que no está preparado para viajar en China.

El plan era perfecto: con Joanne y Shane (mis vecinas) nos íbamos a ir a la provincia de Shandong. El itinerario ofrecía: visita a la occidental Qindao, a la compañía de cerveza que lleva su nombre, caminatas por la playa, visita a una montaña sagrada, degustación de comidas autóctonas de reputación y una lección gratuita sobre confucianismo en la ciudad natal de Confucio.

Pero nos dimos cuenta la noche que nos sentamos a hacer las reservas que China realmente tiene una población de 40 billones de habitantes y a todos se les ocurre tomarse vacaciones al mismo tiempo. Es indescriptible la sensación de impotencia que me acongojó cada vez que aparecía un “Sorry, no flights accord with your search criteria” en elong.com, o cuando aparecía un "Sorry, No available rooms found. Please try different hotel" en la página de Hostelworld. Nunca en mi vida me había pasado de no encontrar lugar para quedarme en ningún lugar.

Estación de Gaoting en vacaciones... típico (foto de Dave Lambert)


Pasamos al plan B, que era ir a cualquier lado con tal de no quedarme en casa. Tecleé Nanjing, nada… Beijing, nada… Wuzhi, nada. Eran las doce de la noche y todo indicaba que no iba a poder viajar. China 1, Sofía 0.

¿Cómo decirle a mi viajera interna que se iba a tener que conformar con levantarse tarde, leer, pintarse las uñas, mirar películas y quizás andar en bicicleta (no que eso última fuera a pasar)?

Al día siguiente se podía escuchar como arrastraba los pies por los pasillos del colegio. Me senté a desayunar mi típica tostada con miel y le conté a Dave lo que me había pasado los más humorísticamente posible. Rió con ganas y me dijo que lo mejor hubiera sido empezar a prepararlo con un par de meses de anticipación. Muchas gracias por decírmelo con tiempo.

He aquí que si hay algo que adoro de Dave es que siempre va a tener algún chiste o comentario un poco hiriente, pero nunca va a dejar de ayudarte. Profesor de 8vo año y residente en Yangzhou hace cuatro años, ha viajado a tantos lugares como le fue posible. Experto en viajar al mejor estilo chino (en tren y comprano comida en la calle usando su sofisticado mandarín)  y excelente fotógrafo, me extendió la mano unos cinco minutos después.

Dave se iba a ir a Changzhou a sacar fotos de un pagoda de madera de más de doce pisos. Los pagodas son edificios muy conocidos en Asia. Si no alojan templos budistas están cerca de ellos y adoptan distintas formas de acuerdo al país donde se los encuentre. Muchos en China son de madera, resistentes al paso del tiempo y en caso de terremoto.

Lamentablemente que el pagoda del templo de Tianning fuera el más alto del mundo no me impresionaba, y menos estando en una ciudad que no tenía reputación turística. Pero era una alternativa a quedarme en casa así que le dije a Dave que me unía a su viaje.

Para mi gusto cambié de parecer ni bien pisé Changzhou. Ese breve viaje de dos días cambió mis vacaciones.

La vista!!!

Numero 1: ir a contramano ES BUENO

Las atracciones y las ciudades chinas pueden compararse con tranquilidad a los dulces que uno deja a merced de la naturaleza, asediadas por múltiples insectos que no encuentran lugar para moverse. No es que quiera comparar a la gente con los insectos, pero las imágenes hablan por sí solas.
Gran muralla durante el feriado largo de octubre

Típico: estación de tren durante el feriado de octubre... como en Mar del Plata!?
Visitar la silenciosa y poco atractiva Changzhou fue un respiro. Ver poca gente transitando las calles de una ciudad es muy difícil de encontrar y es placentero.

Número 2: Caligrafía sobre el firmamento. IMPAGABLE

E indescriptible a la vez. Esto es poesía pura. Ojalá pudiera saber qué escriben, capaz ni tiene significado. Pero este hombre escribe en el suelo con la gracia de una bailarina. Los caracteres desaparecen unos minutos después. Qué más le podía pedir a esa mañana.

Honestamente puedo decir mucho, pero las fotos lo dicen todo.



Número 3: El pagoda de Tianning es un edificio INCREÍBLE

Según Dave lo más significativo del pagoda no es el edificio en sí sino las esculturas de madera que se encuentran dentro, la sala del buda y la campana que se encuentra en el piso trece. El edificio entero aloja miles de estatuas budistas, budas y estructuras hermosísimas. Fue mi primera visita a un pagoda, va a ser difícil superar la experiencia.
Y que sea el pagoda más alto del mundo significa mucho más aquí en China de lo que puede significar en otros lados. Especialmente durante la Revolución Cultural se prohibió practicar cualquier religión en China, inclusive el budismo. Se derribaron centenares de templos y se destruyeron millones de sitios religiosos que hoy se considerarían patrimonio de la humanidad. Las prácticas han sobrevivido a la prohibición y es ahora, años después, que China vuelve a abrirse a la idea de practicar budismo. El pagoda de Changzhou es quizás uno de los símbolos más grandes de lo fuerte que es el Buda en China a pesar de lo arduo que se ha intentado frenar su práctica.

Numero 4: El templo de Tianning se volvió mi templo favorito

Como ya me estuvo pasando, entrar a un templo en China me deja con sentimientos encontrados. Por un lado sigo sin entender la opulencia de los templos o que se cobren literalmente millones de yuanes por una estructura de piedra que bendijeron los monjes y se pidan colaboraciones en urnas con budas, cuando teóricamente el budismo se basa en que no existe un dios creador. Y creo que el hecho de que los monjes anden de acá para allá con teléfonos móviles le quita mística al lugar.

Pero por otro lado no puedo negar que los templos budistas se han vuelto mis edificios favoritos. El solo hecho de entrar en alguno me deja con una sensación reconfortante. Esa sensación me ha hecho querer aprender sobre el budismo, “religión” que encuentro fascinante. No puedo esperar para llegar al Tíbet.

Que el video hable por mí! (Las fotos son de David Lambert)


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