“Estás muy callado” me aventuré a lanzar al aire mientras
Dave y yo subíamos y bajábamos colinas desde nuestro campamento a la base del
Everest. Dave es el típico muchacho que adoramos en esas fiestas aburridas de
las que queremos irnos cuando apenas llegamos: sus chistes son los mejores, las
monerías y las bromas son su vocación y si nadie habla, él se va a encargar de
hablar por todos. Pero desde que lo había visto llegar a Lhasa que Dave no
decía más que monosílabos y parecía no estar interesado en ninguna de nuestras
charlas.
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| Reflexiones camino al Everest |
