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jueves, 8 de mayo de 2014

Beijing como la vi yo: fotos que cuentan historias

Todos los que han ido a ciudades que tienen bibliotecas infinitas de historia de a cuestas pueden estar de acuerdo conmigo en que son lugares que transmiten una energía distinta. Para mí Beijing es una de ellas. Cualquiera que haya ido a la Ciudad Prohibida, paseado por los hutongs o patinado en el lago del Palacio de Verano probablemente esté de acuerdo conmigo. A mí me inspiró muchísimo respeto, como si estuviera en presencia de un maestro muy sabio. Me sentí como ese alumno que se saca el chicle de la boca, quita los pies del escritorio y se sienta derecho solo en presencia de ese maestro. Esa energía me enseñó muchas cosas y me hizo parte de pequeñas historias y del camino de otras personas. Qué mejor que contarles qué me sucedió a través de imágenes que cuentan todo esto.

Si quieren más información acerca de estos lugares, pueden consultarme... pero déjenme decirles que hay miles de guías de qué visitar para casa predilección, paladar, sexo, hobbie, animal... etc. Yo lo que utilicé muchísimo en esta ciudad (y para planificar) fue:

  • Lonely Planet: La guía de Lonely Planet (para hospedaje, restaurantes, mapas, tips) pero hasta ahí.
  • China Travel Guide
  • Boca en boca: preguntar en los hostels qué les había gustado visitar.
  • Instinto.
El tren nocturno a Beijing

En el tren a Beijing: este mapa pertenece a un joven que no tiene miedo a acercarse a extranjeros.
'El dueño de este mapa es de Yangzhou pero estudia en Xi'An para ser empresario. No le agrada esa profesión, pero cree que para mantener a su futura esposa y a su familia es un trabajo que le podrá dar el sueldo que necesita. Ambos estábamos sentados en una mesa en el tren porque no podíamos dormir, él porque no le gustaba viajar en tren y a mí porque a alguien había estado fumando y no paraba de estornudar. Cuando ya ninguno de los dos tenía mucho más para decir que estuviera dentro del cuestionario social convencional (nacionalidad, edad, estado civil, hijos, estudios, salario), él sacó el mapa y me explicó qué iba a visitar en Beijing. Pensé qué estructurado este chico, no dejó nada al azar. Lo tendría que haber pensado dos veces ese comentario ya que Beijing es gigante y optimizar el tiempo es algo para expertos (igual un poco de improvisación nunca viene mal).

La Ciudad Prohibida


Sala del Trono - Ciudad Prohibida
Si bien desde que se entra a la Ciudad Prohibida se pueden escuchar y leer sobre las esposas y concubinas del emperador (que vivían en distintos edificios dentro de la ciudad), sobre misteriosos asesinatos, cautivos y cautivas, romances incestuosos y eunucos que irónicamente traicionaban a su emperador, lo que más me llamó la atención fue la vehemencia con la que ciertos emperadores querían salir de la ciudad. Si vieron la película El Último Emperador de China, de Bernardo Bertolucci, el emperador Pu Yi anhela ser parte del mundo exterior, se siente preso dentro del mundo real de la Ciudad Prohibida... y no es para menos. Las dimensiones del palacio son inimaginables. Se puede tardar un día entero en recorrer rincón a rincón del lugar, pero unas tres horas después de salir y entrar de cámaras y perderme en los pasillos puedo decir que uno se siente un poco claustrofóbico.Se dice que Pu Yi no era un emperador benevolente y amable. Solía ordenar a los eunucos tareas que generalmente exponían su condición y castigaba sin razón a sus sirvientes. No estoy justificando actos terribles, pero creo que puedo empatizar un poco.

El Parque Jingshan
El Parque Jingshan
El parque de Jingshan se puede ver desde la puerta norte de la Ciudad Prohibida. No muchos hablan de él, y sin embargo es uno de mis lugares favoritos de la ciudad. Ha presenciado la vida de Beijing por centenios en silencio y si uno lee los carteles aquí y allá puede caer en la cuenta que no sólo en los palacios imperiales suceden relatos que nos pueden erizar la piel. Hoy ofrece lo mejor de la Ciudad Prohibida, su vista. Y si se llega al mirador se puede disfrutar de una corta siesta al sol en el mismo centro de la ciudad, como indica un pilar entre asientos. Y también nos podemos perder, no hay que tener verguenza si se deambula por bastante tiempo sin saber cómo salir.

El Templo de los Lamas

El Templo de los Lamas
Creo que ya he dicho antes que por más que leí e investigué sobre budismo, muy poco me queda claro de qué creen los budistas chinos. Podría hacer una lista de muchas cosas que he visto que no concuerdan con preceptos del budismo, y así y todo, con estar en este templo y observar en silencio, muchas incógnitas se resolvieron solas. Si bien habían carteles que indicaban que no se podían sacar fotos, le pregunté a uno de los monjes si podía tomar una foto de esta hermosa sala de estudio. Me sonrió y asintió con la cabeza antes de sacar su celular del bolsillo para chequear la hora.

El Palacio de Verano 

Palacio de Verano

Cierro los ojos y todavía me acuerdo
Esta vista fue la sorpresa más grata de mi viaje. Siempre digo que muchas veces es bueno saber a dónde uno va y muchas otras no. Creo que me hubiera gustado saber que el palacio de Verano está bastante lejos del centro de la ciudad y lleva alrededor de una hora llegar, pero agradezco no haber sabido más nada de este lugar (bueno, es el lugar donde la familia real pasaba los veranos). Hacía mucho frío, pero encontré un banco y me quedé observando la puesta de sol por un largo tiempo. Le escribí a mis hermanos que se estaban levantando en Argentina y les mandé esta foto. No sentía las mejillas, pero valió cada minuto.

El Templo del Cielo
Hombres y mujeres jugando a las cartas y al mahong
El Templo del Cielo - donde se hacían sacrificios para los dioses

Estos caminos conducían al emperador y a su séquito en la ceremonia... como casi siempre, me perdí y fue difícil volver a encontrar la salida.
Llegué al templo del Cielo muy poco antes de que cerrara, pero por una muy interesante razón. Ese día hacía muchísimo frío y casi no se podía ver porque la polución en Beijing es muy alta. Me ganó la pereza y terminé en un café... junto a otros muchos en Beijing. Encontré una pequeña mesa y no faltó mucho para que una mujer china se sentara también. Vivir viendo gente todo el tiempo te prepara para esas situaciones, así que no dije nada. Al poco tiempo se nos unió su pareja, un norteamericano que no esperó mucho para empezar una conversación. El hombre había visitado más países de los que sabía que existían en el mundo, había creado una fundación educativa en Kenya después de vivir muchos años en una comunidad Masaii, hablaba ocho idiomas y estaba de visita en China. No sé qué sucedió durante esa conversación, pero este hombre me contagió las ganas que necesitaba para salir y llenarme de mundo. Llegué un poco tarde, pero el Templo del Cielo aún estaba abierto. Pude disfrutar de su encanto cuando la mayoría de la gente ya se había ido.

La Plaza de Tiananmen y el Mausoleo de Mao


Monumento a la Revolución en la puerta del Mausoleo de Mao

Parte de la delegación de oficiales que resguardan la plaza y el mausoleo... jamás vi tanto uniformado junto en una plaza.

No cualquiera puede decir que cuida las entradas del mausoleo
A pesar de haber sido nombrada como la Puerta de la Paz Celestial en 1415 cuando fue construida, la Puerta de Tiananmen Square ha sido escenario de batallas entre etnias chinas, entre herederos al trono y contendientes, ha visto campamentos inglesas y francesas, rebeliones y protestas que terminaron en masacre hace tan solo treinta años. Hoy, la imponente plaza de cemento construida bajo el mandato de Mao como símbolo del poderío chino alberga hordas de turistas, la mayoría chinos, a los que probablemente se les cuente una mínima porción de esa historia.

Siempre recomiendo ir a visitar el Mausoleo de Mao, porque yo creo haber entendido mucho sobre cómo se educa sobre la historia de China en los dos minutos que es posible transitar por el mausoleo. Los incontables oficiales que cuidan día y noche el edificio no se pierden de ningún movimiento extraño, ni siquiera el del niño que estaba frente a mí, que jugaba con las flores amarillas a los costados del camino marcado con la franja amarilla que hay que transitar sin detenerse en ningún momento. El oficial se acercó y le dijo a su padre que el niño no podía entrar con una gorra. Su madre retaba al niño y lo arrastraba por el camino, cuando disciplinar a los niños es algo que los padres raramente hacen. Para cuando llegamos a la cámara donde está el cuerpo de Mao en una caja de cristal resguardado por dos oficiales, el niño ya estaba aburrido y decidió detenerse en la alfombra roja, pero su padre no lo toleraría. Lo levantó del piso y forzó su cabeza para que el niño mirara el cuerpo de Mao los 45 segundos que podíamos estar allí.

Cuando uno pregunta en general a algún chino qué opinan de Mao, y si es que se atreven a contestar, casi todos contestarán Mao fue 60% bueno y 40% malo. Se lo venera, se lo ama, se lo extraña... pero nadie sabe muy bien quién fue.

Wanfujing Street Market
Estos escorpiones están vivos... frescos, frescos. Otros snacks pueden ser arañas, víboras, pichones, bichos canastos, saltamontes, y, honestamente, lo que se te ocurra pensar que pueden poner en una sartén con aceite.

Turistas, turistas, turistas
Mi comida favorita en Beijing... fruta en almíbar. Si engordé en este tiempo fue por esto.
Me he cruzado con extranjeros de paso, hombres y mujeres que están acá por negocios, turistas chinos, gente como yo... y todos coincidimos en algo: amamos la comida china. Por sus ingredientes, condimentos, preparación y porque la podemos encontrar en todo momento y a toda hora. En Beijing, los mercados (hay varios) son los mejores lugares para degustar estos manjares (para todos los gustos). El de Wanfujing es el más exótico y tradicional y está en el centro de la ciudad.

La comida china es el reflejo de su la historia y la cultura de China. Si hay algo que a los chinos les gusta hacer y que los preocupa son las comidas es comer. Siempre estarán pendientes de que hayas comido lo suficiente y comprarán comida de más. Sé que les agrado a mis alumnos o que están contentos conmigo cuando me convidan con tortas, papas fritas y pequeñas salchichas que están comiendo. Y no es para menos... por muchos años, muchas de estas familias estuvieron sujetas a un límite, a hambrunas, a morir por no tener qué comer y hasta abandonar hijos porque sabían que no podían darles de comer. No hay un día que no me siente a la mesa y piense en lo que estoy degustando representa para todos los ciudadanos que me rodean. Y eso la hace más apetecible, más digna, más chinamente deliciosa.

La Muralla China



La van me pasó a buscar muy temprano para ir a la Muralla China. Conmigo se sentó una chica que estaba parando en otro hostel y más tarde dos chicos más. Ninguno dijo palabra, quizás era demasiado temprano. Cuando llegamos a la muralla, unas dos horas más tarde, los cuatro nos dimos cuenta que éramos argentinos. Los únicos cuatro argentinos de la excursión. Quizás tendrían imanes los asientos... lo cierto es que todo el día me estuvo acompañando mi querido shesheo, el fernet, el "boló", y las ganitas de volver.

Fin


martes, 15 de abril de 2014

Shu: la flor del jazmín chino

Si hay una flor que se le asemeja en carácter a Shu es el jazmín chino. Esas pequeñas florcitas blancas cuyos tallos trepan todo a su paso, cubren superficies con su oleaje perfumado y se vuelven irresistible a la vista. Son livianas, algodonadas, y se mueven al son del viento, llenas de vida. A la vista frágiles y delicadas, las flores del jazmín el chino son fuertes y resisten cualquier invierno. Shu es así, a veces pareciera que no sabe que es el invierno.
Las flores del jazmín chino.
 Conocí a Shu en Beijing, donde me alojó por unos días en un departamento que comparte con su compañera, Anna. Ver su perfil en Couchsurfing fue realmente una sorpresa. En China, que las mujeres participen de un intercambio como el que propone Couchsurfing sugiere promiscuidad y suelen perder su reputación. Pero a Shu eso no le preocupa, ella sabe que Couchsurfing le da la posibilidad de hacer algo que la identifica: hacer amigos. Desde el momento en que leí su perfil en Couchsurfing, que ella misma había escrito, y los comentarios que sus amigos escribían de ella, sabía que tenía que conocerla.

 Shu (que dice no recordar su nombre en inglés) es contadora y trabaja para el World Trade Center in China que se encuentra en Beijing. Ha trabajado casi seis años haciendo números, cuidando presupuestos y chequeando que los tickets que le dan en los supermercados estén bien. Aunque a veces parezca exagerada con la tarea, Shu es responsable y sabe que tiene que denunciar a evasores (la mayoría de la gente en China). Responsable, exitosa, seria, Shu odia su trabajo y se alegra cada vez que alguien le dice que no aparenta ser una contadora.
Una de las maravillosas fotorafías de Shu "Este es un mercado de Lang Prabang, en Laos. Cuando viajo, me gusta merodear en lugares públicos para obervar el estilo de vida de la gente local". 

Si pudiera hacer cualquier otra cosa en el mundo, Shu diría que viviría viajando y sacando fotos. Viajar se ha convertido en su manera de entender el mundo, y la fotografía plasma su visión de las cosas, lo que quiere guardar en su memoria y lo que quiere que el mundo sepa de ella. Siempre usa una cámara artesanal y revela el fílmico ella misma antes de llevar el rollo a una casa de fotos. Sus imágenes son demasiado especiales para ella como para usar una cámara digital. Cuando finalmente has ganado su confianza y decide mostrarte una foto, entiendes que cada una aloja  un pedacito de su ser. Paciente, amable, poco decidida en todo sentido, experta en sacar temas de conversación y sumamente impuntual, Shu fue la mejor guía que pude tener en Beijing.

“Libertad” era lo que la había llevado a mudarse desde Hangzhou, su ciudad natal. Recuerdo que estábamos sentadas en pequeño bar Indie de Nanguiluxiang, mientras tomábamos té de jengibre con miel como el resto allí escuchando a la banda de jazz favorita de Shu, cuando esta graciosa contadora de 30 años por qué le resultaba difícil volver a Hangzhou. Me había hablado de las hermosas plantaciones de té verde en las colinas del lugar, del lago que la hace “el cielo en la Tierra” y de su papá, al que adora y con el que comparte su pasión por la fotografía. Pero Hangzhou, en los ojos de Shu, es una ciudad demasiado convencional para una mujer como ella que no sabe cumplir con los estándares de una mujer china. Directa, independiente y de opiniones claras, Shu sentía que no encajaba en la comunidad patriarcal y pacata de Hangzhou.
"Esta es la famosa ceremonia de ofrendas en Laos. Cuando todavía ni amanece, los monjes deben ir en busca de la comida que luego donarán. Es una ceremonia solemne".

Distinta a la mayoría de las chicas de su edad, Shu todavía no se ha casado. Y lo que ella me a confesado es aún peor, Shu tiene un novio europeo que conoció a través de Couchsurfing. Mikkel y Shu se conocieron hace un año en Beijing, cuando él estaba viajando por el norte de China. Mikkel es sueco y vive en Suecia, y viaja para ver a Shu dos veces al año.

Según Shu, tener una pareja de otro país está mal visto por varias razones: 1) los chinos no confían en que los extranjeros realmente estén enamorados de sus hijas, y creen que estos las abandonarán sin previo aviso, arruinando su reputación. 2) Los extranjeros, en los ojos de las familias tradicionales chinas, no quieren casarse. 3) No son chinos ¿Por qué casarse con alguien que no es chino?

Shu adora a Mikkel, sus pequeñas excentricidades suecas e intuyo que la esperanza de mudarse a Europa en algún momento.  Pero deja ver, cuando habla de él, que ella sabe que es muy poco probable que lleguen a casarse. La relación a distancia ha desgastado lo que antes los había unido, y aunque ella diga que no es así en su caso, la opinión de la familia en cuestiones del amor es algo vital para ella. Y como pueden esperar, la familia de Shu no está de acuerdo con el noviazgo y hacen de cuenta que Mikkel no existe.

Y porque su novio no existe, Shu todavía padece la persecución de brujas no casadas que se da inicio durante el año nuevo chino. Mientras terminaba su té de jengibre de un sorbo como si fuera un shot de whisky, Shu me explicó algo que me hizo entender el porqué de las caras largas de varias muchachas que había visto en la estación de tren. Volver a casa durante la semana de año nuevo sin siquiera tener un novio estable a los 27 años es el comienzo de un largo via crucis. Al parecer, las actividades tradicionales de la época pasan a segundo plano cuando existe la rutina de sermonear a la no casada. Shu me contó de su última celebración de año nuevo con su familia justo antes de mudarse a Beijing. Su abuela había anunciado que estaba buscándole novio a Shu en la plaza del pueblo, su tía parecía haber memorizado la lista de las razones por las cuales Shu estaba soltera (demasiado trabajo, expectativas muy altas, mostrar los hombros y no arreglarse el pelo entre otras) y su madre aquejaba distintos dolores cada vez que alguien mencionaba que si Shu seguía así terminaría siendo “huaile” (una mujer podrida). Shu ríe cuando cuenta la historia de cómo ciertas mujeres que conoce “alquilan” supuestos novios durante estas épocas para que sus familias no las presionen. Pero sabiendo que Shu no vuelve para año nuevo desde entonces y se disgusta cada vez que tiene que viajar para ver a sus familia, se siente como hablar del tema debe pesar.

Unos días más tarde, estábamos cenando con Oriol en un típico restaurant Chino, cuando Shu apareció en el momento preciso. Aunque me pregunté si cambiar de tema, puesto que estábamos hablando de las mujeres de sobra con Oriol, discutiendo como siempre, algo me decía que la opinión de Shu era un poker de ases en el tema. Cuando le conté que alguien me había explicado que las mujeres de sobra eran aquellas mujeres de más de 27 años que no se habían casado y que nadie consideraba como potencial pareja, Shu me observó unos momento en silencio, perpleja. Pensé que me había equivocado en preguntarle y que el tema era demasiado delicado. Shu sonrió y me mostró una escalera real. Recuerdo sus palabras como si fuera hoy “A mí me gusta ser una mujer de sobra. No tengo vergüenza. Ser una sheng nu es algo que me enorgullece. Quiere decir que tengo educación, que luché por tener un título universitario y no fui a la universidad a buscar hijos. Quiere decir que tengo la libertad de elegir qué quiero de mi vida. Quiere decir que soy lo suficientemente valiente como para decir NO y defender mi vida ante los demás. Quiere decir que no me conformo, que no tengo que regalarle mi vida a alguien que no considero lo suficientemente bueno para mí. Quiere decir que todavía puedo buscar al hombre que me haga feliz.”

No necesito decir nada más.

Entrevista con Shu:

Lugar de Nacimiento: Hangzhou, pero ahora vivo en Beijing.
Familia: Mi padre ama la jardinería, las mascotas y las antigüedades. Es un hombre relajado. A mi madre le gusta jugar al poker con sus amigos y siempre nos está presionando para que hagamos las cosas como ella quiere.
Creciste con…: mis padres.
Profesión: soy contadora, pero no me gusta trabajar de eso. Me pongo muy contenta cuando me dicen que no parezco una contadora.
Estudios: Contabilidad. No tuve mucha elección porque quería estudiar para ser arquitecta pero no pasé el examen. Entre todas las posibilidades de estudios que me quedaban, contabilidad parecía la menos aburrida. 
Hobbies: fotografía, acampar, viajar, ver películas francesas.
Tres palabras que te describen: optimista, idealista, valiente.
Estado Civil: no casada J

1)      Qué en la vid ate ha hecho la mujer que sos hoy? La esperanza de encontrar el verdadero amor.
2)      Cuáles son tus metas este año? Quiero que me aumenten el sueldo y me aprueben la visa para irme a Australia.

3)      Describe una fotografía tuya dentro de 5 años. (No contestó) 
Mi amiga Shu =)