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lunes, 19 de mayo de 2014

Argentina vs. China: Diferencias que sacan sonrisas

“Me empujó para pagar el boleto primero” le explicaba indignada a mi amiga Zora en Shanghai refiriéndome a una señora que se había adelantado en la línea impunemente a los empujones para pagar el boleto de colectivo desde Yangzhou. En vez de reír o contestar un “Increíble, estos chinos…”, Zora me miró y me contestó “¿Esperabas que la señora hiciera otra cosa?”. No. Y honestamente, este tipo de episodios cada vez me irritan menos.

No hay día que no sea protagonista o que presencie una conversación de este tipo… una queja, una muestra de poca tolerancia quizás, el reflejo de sentirse rana de otro país. Pero, como he escrito en otros posts, este tipo de situaciones son parte de un proceso inevitable de adaptación a una cultura tan diferente a la nuestra que a veces nos asombra de la mejor manera y a veces nos es (casi) imposible aceptar.

Al margen, yo casi siempre me veo riendo o al menos sonriendo, y todo gracias a las grandes diferencias que nos separan. Esta es una recopilación de diferencias que espero les arranque una sonrisa (o risa) y los ayude a entender un poco el país donde vivo hoy.
Pequeñas grandes diferencias que espero los hagan reír un poco.

Tráfico

En Argentina los autos circulan (casi) siempre en la misma dirección, y si se vive en grandes ciudades como Buenos Aires los conductores y ciclistas respetan las reglas de tránsito para no tener multas. A pesar de ello, el espacio personal de los vehículos es nulo y el número de accidentes se incrementa a medida que acerca la hora pico que indica que el día laboral ha terminado y podemos volver a casa y sacarnos los zapatos.

En China, los autos circulan en diversas (si esa es la palabra que quise usar) direcciones y por la calle, la vereda, la senda de las bicicletas… o cualquier otro hueco en el que quepa el vehículo. Las reglas de tránsito existen, pero la policía vial no presiona a los conductores y ciclistas (temo para no hacerlos perder su integridad) y no sancionan cosas como conducir una moto sin casco, con un pie en el manubrio para rascarse un dedo mientras se atiende el teléfono celular con la otra. Conducir se vuelve un juego en el que los peatones que cruzan sin mirar se vuelven obstáculos y los autos y motos que entran en la calle sin disminuir la velocidad se avecinan cual proyectiles en juegos de video.


Escupir y sonarse la nariz

En Argentina escupir es un acto diario poco aceptado por la población. Sin embargo,  siempre y cuando lo realicen los hombres y solo en la calle y a un costadito, son hechos poco trascendentales. En general, los hombres pasados los treinta, que no temen descuidar su imagen social, no pierden tiempo en descargar un rápido y violento menjunje bucal que los libera temporalmente. La tarea se realiza con sutileza para reducir el sonido al mínimo y así evitar vergüenza. Y si hay que liberarse de fluidos nasales, utilizar pañuelitos descartables y pañuelos es preferible antes de lucir famosas velas.

En China, escupir es algo que se espera de toda la población. No es sano guardarse flemas y fluidos que pertenecen al exterior. El acto consiste en absorber fluidos con la nariz y la boca de la forma más ruidosa posible y durante el tiempo que se pueda, para después descargarlos en cualquier espacio donde no haya zapatos o zapatillas en movimiento (sí, incluso en cantero con flores de alguna casa, el piso del gimnasio, la pata de la mesa en el restaurant…). Como escupir es de buena educación, sonarse la nariz con un pañuelo es terriblemente irrespetuoso y da mucho asco. Por lo tanto, taparse un orificio nasal y descargar flema por el otro de forma violenta en tachos de basura se considera oportuno.
Usar pañuelos descartables para sonarse la nariz quizás no sea una buena idea. (dentromusica.com)
Creer o no creer

En Argentina ya nos es muy difícil hasta creer en la ciencia. Dudamos del gobierno, de los políticos, del doctor, del psicólogo, de la maestra, del profe, de mamá y papá, de los diarios, (agregue aquí). Por ende nos informamos como podemos y decidimos aceptar cierta realidad y somos medianamente felices.

En China la población cree. Punto. Lo que se dice, se aprende y lo que se aprende se enseña. Por eso, comer cosas de color rojo hace bien ¿Por qué? Porque sí.
Los dátiles son rojos y por eso la mujer debería comerlos en cantidad. También por eso son más caros que el resto de las frutas secas. Lástima que nunca me gustaron mucho los dátiles...


Seguridad

En Argentina, los criminales han encontrado tantas maneras de quitarte lo que tienes que ya no vale la pena hacer una lista de recaudos para que no lo hagan. Siempre hay una falla en dicho sistema. Muy triste, pero verdad.

En China, la población viven con pánico por posibles robos que pueden suceder a toda hora del día y más cuando cae un poco el sol. A veces pienso que más de uno se pondría un collar de ajos para que nadie se les acerque. Sin embargo, siempre pienso que la gente aquí es tan honesta, en general, que el proceso para convertirse en criminal debe ser arduo y doloroso. Estoy segura que deben arrepentirse de cada una de sus fechorías.

Viajar larga distancia

En Argentina si se viaja larga distancia en colectivo uno se prepara para leer, mirar la película que pasan, escuchar música o dormir una siesta si la distancia entre un asiento y otro lo permite.

En China, los chinos se preparan para comer, comer y comer. Suben al colectivo con bolsas gigantes llenas de snacks que comen desde que se sientan hasta que se bajan: nueces, patas de pollo, choclos hervidos, panes rellenos, galletitas, albóndigas de cerdo, dumplings y salchichas al mejor estilo chorizo son algunos de los refrigerios elegidos.

A veces envidio esa capacidad que tienen para comer todo el tiempo sin engordar.
Estación de tren, Zhengjiang, 2 PM. Snacks varios. Ruidos varios.
Restaurante 1

En Argentina, cuando uno va a un restaurante sabe que los mozos quizás deban tardarse porque están atendiendo otras mesas, y cuando llegan dejan los menús en la mesa para luego irse otra vez. Vuelve luego de un considerable período de tiempo, toma las órdenes y luego la comida se hace esperar un poco más. Para cuando la comida llega a la mesa, nosotros ya nos hemos comido la cesta de pan con manteca o queso y sal y ya no tenemos espacio para lo que pedimos… pero lo comemos igual hasta que realmente el estómago no se puede estirar más.

En China, cuando uno va a un restaurante, la mesera ya está en la mesa con los menús. Tiene lápiz y papel en alto y deja de respirar para anotar el pedido. Aunque uno necesite tiempo para decidirse o dilucidar qué dice el menú, la mesera no se irá de la mesa hasta que lo haya hecho. Luego dejará palitos chinos y platos, pero no traerá pan… por suerte la comida NUNCA se hace esperar. Siempre tardan entre cinco y diez minutos en servir. Y a pesar de lo abundantes que son los platos, los chinos dejarán comida en ellos si es que pueden. Poder dejar mucha comida en la mesa es un reflejo de tener un buen pasar económico.
5 minutos y ya está en la mesa
Niños

En Argentina, los buenos modales se adquieren de los padres desde que los niños nacen hasta que tiene la edad de ir a la escuela (sé que da para comentarios, pero piensen que se algo se aprende durante esos años). Para ese entonces los niños ya saben que hay que lavarse los dientes al menos dos veces al día, que gritar, patalear y golpear el piso en señal de que algo no les gusta no está bien visto, que morder a alguien y no soltarlo te convierte en paria y que para cortar la torta en un cumpleaños es vital esperar a que se soplen las velas (obvio).

En China, padres y abuelos responden a los caprichos de sus hijos, porque para eso están, desde que estos nacen hasta que empiezan a ir a la escuela. Allí, estos esperan que los maestros los disciplinen por ellos. Para ese entonces, los dientes de leche tienen más caries que diente, pegar un alarido al fiel estilo Tarzán cada dos palabras seguidas es muy frecuente, morder es instintivo y llorar para que mamá o papá les corte un pedazo de torta antes de que el cumpleañero sople las velas es un derecho.
Imaginen, solo imaginen.
Feriados

En Argentina, cuando un feriado cae un jueves se decreta fin de semana largo. Cuando un feriado cae en otro día de semana a veces se pasa al lunes para que la gente pueda tener un fin de semana largo… y cada año que pasa se agrega un feriado más al calendario.

En China, cuando un feriado cae un jueves, el viernes también es feriado, pero hay que trabajar el domingo. Ese día quizás yo deba hacer el trabajo que hago los miércoles (porque así lo quieren mis jefes), se siente como si fuera el lunes de una semana larguísima, pero no deja de ser domingo y el resto del mundo está en la cama descansando.


Construcción edilicia

En Argentina, una empresa constructora tarda entre uno y dos años en construir un edificio de 50 departamentos de uno o dos ambientes. Para cuando terminan quizás la piscina no se pueda usar, pero hay electricidad, la cañería va a donde tiene que ir y, más que mal, uno sabe que el departamento estará en buen estado por unos cuarenta o cincuenta años.

En China, una empresa constructora trabaja día y noche (créanme, los escucho trabajar en los edificios a las 2 o 3 am), para terminar un edificio de incontables departamentos en menos de un año. Para cuando terminan la piscina se puede utilizar, pero quizás no haya electricidad, quizás la pileta del baño no tenga cañería que vaya a algún lado y las parecer lucirán un verdor extraño que no es pintura (créanme).

Restaurante 2

En Argentina, nosotros cenamos tarde porque sí. Y nos gusta. Por eso, cuando vamos a un restaurante TARDE, a eso de las 11 o 12 pm, los dueños o gerentes (los meseros no) nos reciben con los brazos abiertos y esperan a que nos vayamos para cerrar el local, aunque siempre se nos mire mal o se corte la música.

En China, se cena a las 6 pm y después se va al gimnasio. Los argentinos, entonces, nos enfrentamos a un gran problema: los restaurantes también cierran temprano. Por eso sucede que, si uno encuentra un restaurant abierto alrededor de las 9 pm, lo más probable sea que el dueño o los meseros nos tomen el pedido, nos traigan la comida y nos echen cinco minutos después apagando la luz, quitando los platos de la mesa (cosa que nunca hacen), barriendo encima de nuestros pies (literalmente) y finalmente pidiéndonos que nos vayamos de forma muy convincente.
Me tuve que acostumbrar a algunos cambios de horario... cena a las 6 pm.
Afecto

En Argentina, yo siempre les digo a los chinos, somos de tocar mucho. Nos gusta tocar, es como que todo es una extensión de nuestras manos. Somos afectuosos y nos gusta demostrar nuestro amor por los nuestros en cualquier oportunidad. Quizás demasiado a veces… díganme sino piensan en la frase “búsquense un hotel” al menos una vez al día. Pero hay cosas que no hacemos: tocar a los amigos. A los amigos se los abraza, se los besa en la mejilla para decir “hola” y “chau”, se los agarra del brazo, pero mucho más no (¿cierto?).

Las amigas de la mano, del brazo, haciendo cucharita en el subte... (absolut-china.com)
En China, la gente tiene imanes al revés. Se repelen. Los besos, las caricias y las “cucharitas” públicas entre novios se consideran una falta de respeto, mientras que actos más subidos de tono estoy segura están penados por ley. Peeeeeeero, ir de la mano con una mejor amiga por la calle a los 60 años es un deber y ver alumnos varones más altos que yo sentados uno arriba del otro en una clase haciéndose mimos es algo de todos los días.


Entender

En Argentina, cuando un extranjero nos para en la calle para preguntarnos algo en un acento extraño y rogando que hablamos un poco inglés en general no dudamos en identificar sonidos, procesar la información, buscar sinónimos, usar las manos, gesticular, agarrar un papelito y lápiz, preguntar a otras personas… con el fin de entender qué es lo que el cristiano quiere.

En China, cuando uno se acerca a un chino para preguntar algo, el chino mirará para todos lados deseando que no sea a él al que me acerco. Si ve que así es, intentará caminar más rápido para que yo no lo alcance. Si lo alcanzo, sabrá de inmediato que no podrá entenderme jamás. No entenderá de lo que estoy hablando aunque no sea tan difícil, reirá nervioso y huirá lo antes posible, pretendiendo que la conversación nunca ocurrió.

¿Por qué? Qué se yo.

Cumplir años

En Argentina, se nace un día y para celebrar que la presencia de uno es vital en el mundo, cada año para la misma fecha nos juntamos con amigos, nos hacemos regalos, comemos torta y nos vamos a dormir lo más tarde posible para constestar mails, llamados, twits, notificaciones de Facebook, etc… Desde ese momento, se cuenta cuántos años han pasado y esa cantidad de años suele ser nuestra edad.

En China, cumplir años es un poco más complicado. Por ejemplo, mis alumnos a veces tienen nueve años, a veces tienen diez y a veces once. Sí, los mismos alumnos. Se cree que uno nació con un año de vida, puesto que se cuenta el período de gestación. Además, si uno nació en enero o febrero, quizás se agregue a esto un año más (ya que nacer antes es pertenecer al año anterior y nacer después es pertenecer al año siguiente). En general hay que agregar un año más a nuestra edad para tener una edad china, eso sí, si no nacimos antes de febrero, sino se agrega más edad ¿Se entendió, no?


Hay muchas más diferencias entre Argentina y China… pero creo que con estas os alcanza para seguir entendiendo un poco más el lugar en el que estoy.

martes, 1 de abril de 2014

Las Mujeres de Sobra (Sheng Nu): Las Tres Flores de China

Siempre supe que en algún momento mis historias de blog iban a surgir de la conversación con un taxista.
En China los taxistas viajan con un cuestionario para extranjeros debajo del asiento. Siempre nos preguntarán dónde trabajamos, si hablamos chino, si nos gusta China y los chinos, qué pensamos de los norteamericanos (si no somos uno), cuál es nuestro sueldo y… si estamos casados y tenemos hijos. Pero hace algunos días, después de prevenir que un muy poco caballeroso hombre chino me robara el taxi que estaba esperando hacía 15 minutos bajo la lluvia, la conversación fue más allá del cuestionario, llegando a ser el disparador de este post. El hombre de ojos pícaros que manejaba el auto sonrió y se acomodó en el asiento cuando vio que yo podía entender lo que él me preguntaba. Todo lo que preguntaba y me contaba me abría un poco más la puerta al hermético mundo social de China, hasta que se hizo el silencio. Podía sentir como el taxista quería preguntar pero no se animaba. Unos segundos después me miró por el espejo retrovisor y juntó coraje “¿Tenés novio?” Sonreí y contesté mi discurso de siempre, “No, no estoy de novia, no estoy casada y tampoco tengo hijos”. Me divierte contestar esa pregunta, me imagino como una amazona fuerte e independiente, imagen que confunde a cualquier hombre chino. Juro que no esperaba lo que sucedió después. El taxista frenó el vehículo y se dio vuelta para sermonearme en un tono parecido al de las películas donde se personifica a Dios “¡Eso está muy mal! ¡Ya tenés 28 años, tendrías que estar en pareja!”. Me hervía la cara. Pasaron unos largos segundos antes de poder responder un muy cierto “No, no está mal… yo estoy bien”. Y lo estoy. Seguimos el recorrido callados y pensativos. O al menos yo. Desde ese momento no puedo dejar de pensar en lo afortunada que soy de no ser una mujer de 28 años, que no está casada y no tiene ni siquiera un hijo y nació en China.

Cuando se nos dice que el cielo es el límite desde que somos pequeños, eso es precisamente lo que sucede. Recuerdo la voz de mi madre diciéndome que yo era artífice de mi propio mundo, y que podía dibujar en él lo que creyera me hacía feliz, incluso el amor, el matrimonio y los hijos. No me malentiendan, soy una de esas que se enamoran del amor, pero el camino que me hace feliz no me ha llevado todavía a casarme. Nadie me ha hecho sentir que deba hacerlo.  Esa libertad de elegir y ser dueños de nuestras vidas, que a veces nos pesa, es algo que yo atesoro y agradezco todos los días.

Del otro lado del mundo, por el contrario, desde pequeños a los niños se les dibuja un mundo en el que ellos deben verse triunfando.  El cielo es el límite, pero al llegar ahí hay que contraer matrimonio, tener un “pequeño emperador” y cuidar de la familia. Y si uno nació siendo hombre también debe ganar suficiente dinero, no importa demasiado haciendo qué. La sociedad china se ha forjado en algo que Confucio les inculcó hace miles de años: la familia está en el centro de la vida de todo individuo chino. Según el confucianismo, por piedad filial se entiende que el hijo debe respetar y obedecer a sus padres, someterse completamente a ellos, honrar el nombre de la familia y mantenerlos económicamente en caso de necesidad. Formar una familia es parte de esa responsabilidad que tienen todos esos hijos. Es el objetivo de vida primordial.

Mercado de parejas en Shanghai: si no se encuentra pareja seguro mamá y papá pueden ayudarte posteando tus datos (inclusive tu teléfono móvil) en la plaza del pueblo. Ellos se quedan allí para hablar con los padres de posibles candidatos y así poder concertar una cita.
No era mentira lo de los datos. Información acerca del físico, los estudios, el trabajo y el sueldo son vitales para conseguir pareja de esta manera.
 En China la gente se casa. Punto ¿Por amor? No siempre. Mentiría si digo que no he visto parejas chinas felizmente casadas. Es algo que se presiente cuando uno ve ancianos ayudándose entre sí para cruzar la calle, hombres llevando carteras de colores de sus esposas (ja, ja, ja), y familias vistiendo la misma remera con el slogan “Happy Family”. Pero en China no se espera sentir amor por la pareja para casarse. Unirse a otra persona en matrimonio, aún en la actualidad, es un deber social, y este “tengo que hacerlo”  muchas veces se convierte en cubo macizo de hierro anclado al piso que se tiene que arrastrar toda una vida, especialmente cuando el hombre o la mujer “ideal” no aparece. No casarse es llevar un gran cartel en la frente que se lee “fracasado”. Nadie quiere perder integridad en China por no casarse.


Ellos parecen felices luciendo la misma remera (Dailymail.co.uk)

¿Pero por qué el cielo parece haber caído algo bajo? Uff, por más que se quiera decir “pero eso está muy mal”, siempre hay que entender que hay un porqué. Más que nada aquí. Verán, el sistema de seguro social de China ha sido ineficiente por muchísimos años. Los ancianos al jubilarse no pueden mantenerse con la pensión otorgada por el gobierno, así que son los hijos los que deben mantenerlos. El matrimonio de los hijos asegura ese apoyo económico. Una importante fuente de ingresos, o incluso dos, resguarda un merecido bienestar económico para los padres ya retirados. Así también, casarse es respetar el nombre de la familia, evitar que caiga en la vergüenza de admitir que los hijos no pueden casarse.  Nadie quiere que su familia pierda integridad por no casarse.
He aquí una breve explicación de lo que es el amor filial. Este es un infomercial que se pasa en la televisión abierta entre programas. Para saber más sobre esto recomiendo leer el artículo de Alfonso Araujo. En él, Alfonso escribe:
SUBTÍTULOS

0:03    Cuando era niño, papá era el soporte de la familia.
0:13    Grande y fuerte, protegió a la familia del viento y de la lluvia.
0:16    Mamá nos cuidó a papá y a mí con dulzura.
0:23    Poco a poco fui creciendo.
0:26    Como un jovencito quise rebelarme de la protección que papá ofrecía.
0:30    Mamá me regañaba y seguido discutía con ella.
0:37    Ya como adulto, vi que la vida no es fácil.
0:41    Me fui dando cuenta de que la espalda de papá se fue encorvando.
0:47    Y el cuerpo de mamá se fue haciendo más frágil.
0:56    Ha llegado el momento de asumir la responsabilidad de un hijo.
1:03    Ser el bastón y el descanso de papá.
1:09    Y ser la sombrilla y la protección de mamá.
1:25    Si hay amor, hay responsabilidad.

Y aunque hasta ahora lo que estoy explicando parece sencillo (es decir, hay que encontrar una pareja y casarse, en un país con una población de 14 billones de personas eso no es difícil), ya he explicado mil veces que en China todo tiende a lo complejo. Y sería bastante sencillo si no fuera porque estamos hablando de seres que piensan, sienten y aman como cualquier otra persona en el mundo.

China es un país tradicional, conservador, arraigado en el pasado y hermético a la influencia extranjera. Pero en un país donde el progreso económico y profesional de sus individuos durante los últimos 40 años pasó a tener un rol egocéntrico, toda limitación social parece algo… contradictoria. A las mujeres en la escuela se les dice que saquen las mejores notas, que ganen becas, que vayan a la universidad si es que la familia puede pagar un curso… pero en general no se espera que realmente se gradúen o que se vuelvan profesionales. Es más, en algunas familias volverse profesional en el caso de las mujeres es algo poco querible ¿Por qué? Porque el objetivo primordial sigue siendo el mismo: Por qué graduarse y obtener un trabajo para ganarse la vida si se puede obtener lo mismo casándose con un hombre que pueda mantener a la familia. Así nadie perderá integridad, el hombre hará lo que vino a hacer a esta tierra, trabajar, y la mujer cumplirá con su papel de esposa y madre. Si tiene suerte será como de esas de revista de los 50s o 60s donde deben vestir bellos vestidos, arreglarse el pelo y llevar al niño al colegio (porque nadie quiere tener a una niña como hija), sino tendrá que trabajar además de cumplir con sus responsabilidades. No hay tragedia. Algunas mujeres se casan felizmente, otras eligen casarse tejiendo otros sueños a medias, y hay un grupo selecto de mujeres que está creciendo que decide hacerle caso a su grillo interior de la conciencia y construir una carrera. Estas mujeres caprichosamente hacen saber a sus familias que no les gusta el cielo que les han pintado y quieren ir en busca de uno propio.  

 La primera vez que oí hablar de este grupo selecto quedé horrorizada. Ian, el joven de 29 años que no estaba casado ni tenía hijos hasta ese momento, presenció cómo se me cayó la taza de café cuando llamó a estas mujeres por su nombre chino: Las mujeres de sobra. Sí, las mujeres son comparadas con la olorosa porción de pizza vieja que queda en la caja por días y nadie quiere. Todos lo pensamos, pero, al mismo tiempo que Ian explicaba que eran las Sheng Nu, nadie estaba señalando con el dedo al muy soltero Ian que lejos estaba de casarse.  Aparentemente los hombres pueden tener otros objetivos puramente relacionados con la satisfacción económica y no se los culpa (tanto) si no consiguen casarse o sí esto no se prioriza.

Las Mujeres de Sobra (Sheng Nu), explicado por la gente de Off the Wall en Youtube

Pero la injusta comparación no fue lo que me dio revolvió el estómago, sino saber que la etiqueta habría sido elaborada en una serie de artículos gubernamentales publicados por la Federación de la Mujer en China, un organismo gubernamental que debería defender los derechos de las mujeres.  De acuerdo a estos artículos, las mujeres que nacen con una belleza natural no necesitan educarse para formar una familia rica y poderosa. En cambio, mujeres que no son tan atractivas deben ir a la universidad y conseguir un buen trabajo para poder ser competencia de aquellas que no lo necesitan. Según este organismo feminista, las mujeres de sobra están demasiado educadas. No se dan cuenta que valen menos y menos a medida que pasa el tiempo. Y uno se termina preguntando, qué es lo que valemos.

Imaginen por un momento ese segundo en el que una mujer cumple 28 años y no se ha casado. Imaginen a madres, padres, hermanos, amigos, jefes, niños, taxistas… diciendo “eso está mal, te vas a quedar sola” a toda hora y en todo lugar. Imaginen todo año nuevo, toda celebración nacional, todo domingo en familia, todo viaje diurno al trabajo, un casamiento (Ay, Dios!)... Imaginen lo que debe implicar ser considerado un fracaso de la sociedad.

Recuerdo que mientras Ian dejaba escapar ideas de su cabeza sobre por qué las Sheng nu estaban destinadas a permanecer solteras, lo único que sentí fue pena. Mucho tiempo me llevó darme cuenta que las mujeres que me han abierto las puertas a su mundo son teóricamente mujeres de sobra, y si hay algo que no siento por ellas es pena. Son las mujeres más fuertes que conozco. Inteligentes, triunfadoras, trabajadoras como ninguna. Sueñan con conocer al hombre indicado, aquel que las ame y ellas amen, aquel que las haga sentir mujer de mundo. Tienen estándares y no quieren conformarse con cualquier hombre que las intenta seducir. No aceptan presiones y construyen un muro a prueba de prejuicios. Esa fortaleza, esa tenacidad, ese amor por ellas mismas las hace bellas e irresistibles a los ojos de cualquiera.


Porque adoro a esas tres mujeres es que las entrevisté, les hice contar la historia de su vida. Me siento pequeña y demasiado afortunada. Llegué aconocer rincones que no me habían mostrado antes y me emocioné como nunca. Como a mí dejen que estas tres mujeres les enseñen cosas, dejen que ellas muestren lo que es vivir en China siendo mujer. En los siguientes tres días podrán leer cada una de estas breves historias.  Quiero presentarles a las tres flores de China.